Barra de Valizas, sinónimo de tranquilidad

De los balnearios rústicos uruguayos, de los pequeños y sencillos pueblos de pescadores y artesanos… Valizas, dicen, es el más hippie y rebelde. Por encontrarse frente al océano Atlántico, entre extensas playas, un arroyo y enormes dunas… la de “la Barra” es, para muchos, la costa más impactante. La bohemia y natural Barra de Valizas armoniza un paraíso de tranquilidad y libertad, con la movida nocturna artística y las opciones del ecoturismo.

“Valizas” referiría a las señalizaciones que hubo donde nace el arroyo que lleva ese nombre, y “Barra de Valizas” al otro extremo, donde ocasionalmente se forma una barrera que lo separa del mar. Otros cuentan que hubo bandidos que ponían luces en la costa simulando un puerto para que las embarcaciones se estrellaran y pudieran saquearlas, de ahí “Valizas”.

Náufragos (a causa o no de estos bucaneros) y oriundos de la zona construyeron sus ranchos junto al arroyo y en los arenales, frente al mar, atraídos por la abundante pesca y la faena de lobos en el vecino Cabo Polonio. El incremento del turismo vinculado a la pesca y la naturaleza contribuyó al abandono de la faena y al incremento de una población orientada a estas actividades.
La experiencia valicera comienza por el increíble paisaje que acompaña las aguas templadas del océano: su amplia playa agreste, salpicada por ranchos y pequeños paradores, es la más concurrida durante el verano y limita al suroeste con la desembocadura del Arroyo Valizas e imponentes y solitarias dunas, propias de un desierto. Para llegar a las grandes dunas se debe cruzar el canal en bote o a pie, según la creciente. El pico más alto es el Cerro de la Buena Vista de casi 60 metros. Su cima ofrece una panorámica del pueblo, el canal zigzagueante y la laguna que lo alimenta, Cabo Polonio y las Islas de Castillo Grande frente al cerro. Estas montañas de arena son ideales para la práctica del sandboard.
Muchos aventureros se lanzan a una travesía única hasta Cabo Polonio, un parque nacional aislado, pacífico, mágico y natural. Se accede, caminando o a caballo por la costa (diez kilómetros) o atravesando las dunas (ocho kilómetros) y teniendo al faro como referencia. Se recomienda ir con poco equipaje, buen calzado, reservas de agua y usar protector solar. La playa entre ambos ofrece buenas olas para el surf; la Barra abre su escuela de surf en verano.
Aguas Dulces
Otro paseo es desde la playa de Valizas, cinco kilómetros hacia el norte, hasta Aguas Dulces, un tradicional balneario de numerosas casas contra el mar y cálidos pobladores.
La boca del azul Valizas recibe a las barcas que “probaron suerte” en el mar y siguen hacia el pequeño puerto bajo el puente de la ruta 10 (entre Cabo Polonio y Valizas). Desde este pintoresco poblado de pescadores y camaroneros, parten las excursiones en bote hacia la Laguna donde nace el Valizas, la Laguna de Castillos, y el Monte de Ombúes en su ribera. Es un trayecto de cinco kilómetros a través de campos y palmares. La mezcla de agua dulce y salobre da lugar a una gran biodiversidad y por ello esta área protegida es un importante refugio de fauna.
Según los conocedores del lugar, en el canal y las playas entre Cabo y Valizas se pesca corvina, pejerrey, lenguado y bagre. En la laguna hay camarón en los meses de otoño y cangrejos siri en la primavera.

Valizas es paisaje y comunidad. Una comunidad de pescadores artesanales que ofrecen su captura junto al arroyo y artesanos que ofrecen sus productos a base de cuero, fibras naturales, madera, lana, cerámica, en puestos alrededor de la calle principal o en la feria nocturna. En verano, artesanos visitantes exhiben sus creaciones en la plazoleta, sobre mantas, a la luz de las velas y fogatas y al ritmo de los tambores. También es la época de los bares o pubs con músicos visitantes que continúan su “gira” por la feria, la plaza y las calles.
Para llegar a este centro turístico del departamento de Rocha, se deben recorrer 271 kilómetros desde Montevideo: 197 por rutas interbalnearia y 9 hasta la ciudad de Rocha, 24 kilómetros por la ruta 15 hasta La Paloma y continuar 49 kilómetros por la ruta 10. Tras un camino de acceso de 3 kilómetros se arriba al poblado en el que habitan cerca de 400 habitantes y al que visitan numerosos turistas.

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